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viernes, 3 de enero de 2020

Crecimiento espiritual por medio de las pruebas





Cuando el acero es sometido al fuego a altas temperaturas, aumenta su dureza y resistencia. Este principio de la metalurgia, ilustra una verdad espiritual en la vida de los hijos de Dios. En otras palabras, las pruebas que enfrentamos son un medio para nuestro crecimiento espiritual como cristianos.

Notemos las siguientes palabras en la carta de Santiago: “Hermanos míos, tenéis por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”(Stg.1:2)Las enseñanzas de la Biblia, y la experiencia de cada hijo de Dios, nos recuerdan que la vida cristiana no es un lecho de rosas, sino una puerta estrecha y un camino angosto donde encontraremos diversas pruebas. Estas pueden ser de naturaleza espiritual, emocional, relacional, físico, económico, entre otros.Jesucristo expresó:“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn.16:33).También podemos considerar las palabras del apóstol Pedro al escribir a los creyentes bajo el fuego de la persecución:

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese…” (1P.4:12). “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistir firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1P.5:8-9).

Ahora bien, las pruebas son necesarias en la vida de un hijo de Dios. El apóstol Pablo escribió: “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch.14:22). Por tal razón, ratificamos que las pruebas que enfrentamos son un medio para nuestro crecimiento espiritual como cristianos.

Para entender mejor este principio se impone responder la siguiente pregunta: ¿De qué manera las pruebas son un medio para el crecimiento espiritual del cristiano? Las mismas son un medio para tal fin de dos maneras:


Cuando se asume una actitud correcta frente a las pruebas


Lamentablemente, no siempre se asume una actitud correcta cuando enfrentamos pruebas. En tal sentido, hay diversas reacciones como la negación, la rebelión, el desánimo y el desenfoque.

Afortunadamente, muchos cristianos asumen una buena actitud cuando son visitados por las pruebas. En el pasaje de Santiago leemos: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”. Cabe preguntarnos: ¿Es posible tener gozo cuando vienen las pruebas difíciles de la vida? La respuesta es positiva, cuando se tiene el concepto correcto del gozo a la luz de la Biblia, y cuando se mira a la misma teniendo en mente a nuestro Dios.

El significado del gozo en las Escrituras no es una simple alegría pasajera, pues de esa manera sería prácticamente imposible mantenerse gozosos en medio de la prueba. El propio Jesucristo expresó en el huerto de Getsemaní: “mi alma está muy triste, hasta la muerte…(Mt.26:38). Sin embargo, a pesar de dicha tristeza, se declara en Hebreos 12:2: “...por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz…”.

El “gozo”, fruto del Espíritu Santo, aunque puede contener una cuota de alegría, esta no es el aspecto esencial del mismo. La realidad es que el gozo es la seguridad total que tenemos en nuestro Dios, que suceda lo que suceda Él nos tiene en sus manos y siempre quiere lo mejor para nosotros, aunque estemos sufriendo grandes vicisitudes.Por esta razón, el profeta Habacuc pudo exclamar las preciosas palabras que podemos leer en Habacuc 3:17-19.
Por otra parte, puede el cristiano tener gozo en medio de las pruebas cuando puede ver las mismas a la luz de Dios. Es decir, tener la confianza de que Él nunca nos abandonará y nos dará finalmente la victoria sobre el sufrimiento(1P.5:7,10-11).También significa evaluar las pruebas a la luz de los grandes propósitos de Dios para nuestra vida terrenal y desde la perspectiva de la eternidad (2Co.4:15 al 5:1).

La otra manera en que las pruebas se convierten en un medio de crecimiento espiritual para el cristiano es:


Cuando se comprende el significado bíblico de las pruebas (Stg.1:2-3)


Santiago expone en este pasaje el significado de las pruebas en la vida cristiana, haciendo notar que las mismas producen paciencia y un carácter maduro.

La palabra paciencia en la Biblia, no significa resignación o aceptación pasiva de las circunstancias porque no nos queda otra alternativa. Se relaciona con permanecer firmes y fieles al Señor a pesar de todos los sufrimientos y dificultades. La misma es condición indispensable para dejar obrar a Dios en nuestra vida, moldeando nuestro carácter y cumpliendo su propósito en nosotros.

El apóstol Pablo también se gloriaba en las tribulaciones, pues estaba convencido que estas producen paciencia en la vida de los hijos de Dios (Ro.5:3-5).

Por otra parte, la expresión: “para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”, nos recuerda que las pruebas producen un carácter maduro. El apóstol Pedro también abordó esta idea, al comparar el resultado de las pruebas en la vida del cristiano con el proceso para refinar el oro (1P.1:6-7).

Finalmente, en palabras del comentarista William McDonald:“Frente a las pruebas ¡No nos rebelemos! ¡No desfallezcamos! ¡Regocijémonos! Estos problemas no son enemigos, viniendo a destruirte. Son amigos que han venido para ayudarte a desarrollar el carácter cristiano”.[1]


Que nuestro Dios en su misericordia nos ayude a asumir una actitud, y una comprensión correcta, frente a las pruebas como medio de crecimiento hacia la madurez espiritual.






[1] William MacDonald,Comentario al Nuevo Testamento (Terrassa Barcelona, España: Editorial CLIE, 1995): 1219.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Crecimiento constante hacia la madurez espiritual



La constancia es la virtud que nos conduce a llevar a cabo lo necesario para alcanzar las metas que nos hemos propuesto, pese a dificultades o a la disminución de la motivación personal por el tiempo transcurrido.[1]

Esta definición de constancia es perfectamente aplicable al ámbito de la vida cristiana. En el camino que transitamos cada día tenemos que enfrentar pruebas de toda índole. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades el crecimiento hacia la madurez espiritual debe ser constante.

El pasaje de 1Corintios 15:58 nos exhorta a “estar firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre”.

Tristemente, en casi todas las iglesias uno puede encontrar algunos creyentes que son inconstantes. Este parece ser un mal que poseían algunos cristianos en la iglesia del primer siglo. En la carta universal de Santiago, refiriéndose aquellos que faltándole la fe piden dudando del poder de Dios, leemos: “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Stg.1:8)

La realidad es que en cualquier iglesia podemos encontrar hermanos que de repente, y por un corto tiempo, aparentan una consagración mayor que las del resto de los creyentes y quieren ejercer un ministerio de alto calibre. Muchas veces pareciera que ellos son los que han entendido el llamado del Señor y el resto está dormido, pero el impulso se les acaba rápidamente y después desaparecen hasta el próximo “pronto o arranque”.

El crecimiento hacia la madurez espiritual no funciona a base de “exabruptos espirituales”. Esta es una carrera de resistencia, como dice el autor de la carta a los Hebreos:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (He.12:1-2).

También recordamos que Jesús hizo hincapié en la importancia de permanecer en Él para poder llevar frutos dignos (Jn.15:4-7). Precisamente podemos saber que estamos creciendo en este sentido, cuando estamos llevando muchos frutos espirituales en nuestra vida.

Por otra parte, una evidencia categórica de que un creyente en Cristo ha sido constante en su crecimiento espiritual, lo constituye el hecho de continuar creciendo hasta el final de su vida terrenal.

A diferencia del crecimiento físico que tiene un tope en esta vida, el crecimiento espiritual nunca se completará mientras vivamos sobre la tierra. ¿Quién es el hombre, o la mujer, que puede decir con toda sinceridad que ya ha alcanzado la madurez espiritual a plenitud?

La meta de nuestro crecimiento hacia la madurez espiritual fue declarada por el apóstol Pablo, al decir: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento el hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo(Ef.4:13). La misma se puede resumir en una frase: “llegar a ser totalmente como Cristo”.

Ahora bien, aunque nos falte muchísimo para alcanzarla, y a pesar de saber de antemano que en esta vida presente no lo vamos a lograr plenamente, no es justificación para mantenernos estancados o perder el interés en el crecimiento espiritual. El propio Pablo se esforzaba cada día por avanzar hacia la meta suprema. Recordemos sus trascendentales palabras a los filipenses:

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús(Fil.3:12-14).

Que nuestro Dios en su misericordia nos ayude a crecer constantemente hacia la madurez espiritual.

Nos gustaría que nos dejara un comentario, pues quisiéramos continuar creciendo junto a usted en la vida cristiana.




[1][1]https: //es.wikipedia.org/wiki/Constancia_(virtud)? oldid=97733274

sábado, 21 de diciembre de 2019

Crecimiento integral hacia la madurez espiritual


Una de las acepciones del término crecimiento es: “Aumento imperceptible y gradual del tamaño del organismo de un ser vivo hasta alcanzar la madurez”[1]


Específicamente, el crecimiento humano es el proceso mediante el cual los seres humanos aumentan su tamaño y se desarrollan hasta alcanzar la forma y la fisiología propias de su estado de madurez. Tanto el aumento de tamaño como la maduración dependen de que exista un aporte adecuado de sustancias nutritivas y de vitaminas, y de que se produzcan las distintas hormonas necesarias.[2]


Es interesante que la Biblia compara el crecimiento físico con el espiritual. Así como un niño nace un día en este mundo, nosotros nacimos espiritualmente a partir de nuestra reconciliación con Dios por medio de Jesucristo. Asimismo, como un niño continúa en un proceso de crecimiento y desarrollo hasta alcanzar la plena madurez, los creyentes en Cristo estamos llamados a continuar creciendo hacia la madurez espiritual.

Esto lo podemos corroborar en los siguientes pasajes bíblicos:

“Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en cuanto a la malicia y maduros en cuanto al modo de pensar” (1Co.14:20)[3].

“Acerca de esto tenemos mucho que decir, pero es difícil de explicar, por cuanto os habéis hechos tardos para oír. Debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de la Palabra de Dios; y habéis llegado a ser tales, que tenéis necesidad de leche y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño. El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez…” (He.5:11-14).

“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación…” (1P.2:2).   

Ahora bien, es importante tener en cuenta un principio básico sobre el crecimiento espiritual:

El crecimiento hacia la madurez espiritual debe ser integral.


Cuando usamos el apellido integral, estamos haciendo referencia a crecer en todas las áreas para gozar de un crecimiento espiritual saludable. Algunas de estas áreas son:

El área de las relaciones

·    Crecer en la relación con Dios. Esta es la base fundamental del crecimiento espiritual. Nuestro Señor Jesucristo fue claro al expresar: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mi nada podéis hacer” (Jn.15:5).   
·     Crecer en las relaciones familiares. Todos sabemos que abundan las crisis en las relaciones matrimoniales, entre padres e hijos, entre hermanos y demás miembros de la familia. Sin embargo, la Biblia está llena de profundas enseñanzas y sabios consejos para mejorar esta área (Ef.5:21-33, 6:1-4; Col.3:18-21; 1P.3:1-7).
·       Crecer en las relaciones con nuestros hermanos en la fe. A lo largo de todo el Nuevo Testamento encontramos muchísimos pasajes con mandamientos encaminados a fortalecer las relaciones entre los cristianos. El factor común de estos mandatos es la expresión “unos a otros”. En tal sentido, se nos ordena a amarnos (Ro.12:9-10; 1P.1:22-23; 1Jn.2:9-11, 3:18; 4:7, 11-12, 20-21; He.13:1; 1Ts.4:9-10), a honrarnos (Ro.12:10; Fil.2.3-4), a saludarnos (Ro.16:3-6,16; 1Co.16.20; 2Co.13:12; 1Ts.5:26; 1P.5.14), a servirnos (Gá.5:13), a animarnos (1Ts.5:11), a apoyarnos en oración (Stg.5:16; Ef.6:18), a soportarnos (Ef.4:2) y a perdonarnos (Ef.4:32; Col.3:13).

El área de la conducta

Esta era un área en la que apenas habían crecido los creyentes de la iglesia de Corinto, por lo cual el apóstol Pablo les dice las siguientes palabras:

De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda, porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aun sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? (1Co.3:3:1-3).

La realidad es que existen algunos cristianos que son muy activos en los programas de la iglesia e incluso exhiben un gran conocimiento bíblico, pero son niños inmaduros en cuanto a la manera de conducirse.

El área del conocimiento de Dios

El apóstol Pedro exclamó: “Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2P.3:18). También el apóstol Pablo habló sobre el tema, diciendo: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col.1:10).

En ambos pasajes se usa el término griego epinozco, para hacer referencia al conocimiento de Dios, que viene de arriba, que llena la vida de sabiduría, que nos enseña a conducirnos y tomar las mejores decisiones, el que es liberador y transformador.  Como Cristo dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.  

El área del servicio o ministerio

En la primera carta a los Corintios podemos leer la siguiente exhortación: Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano(1Co.15:58).

Nuestro trabajo en el Señor hace referencia al ministerio al cual Dios nos ha llamado. Por tal razón, crecer en esta área guarda relación directa con el desarrollo de los dones que el Espíritu Santo nos ha dado, en función de cumplir las tareas que el Padre Celestial nos ha encomendado.

Que nuestro Dios en su misericordia nos ayude a crecer integralmente hacia la madurez espiritual.

Nos gustaría que nos dejara un comentario, pues quisiéramos continuar creciendo junto a usted en la vida cristiana.




[1] Encontrado en el Diccionario de Búsqueda de Google.
[2] "Crecimiento humano." Microsoft® Encarta® 2009 [DVD]. Microsoft Corporation, 2008.
[3] Todos los textos bíblicos son tomados de Reina-Valera 1960.